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Manifiesto por el Ius Peregrinandi

Por la restitución de la libertad de tránsito y el derecho natural de las personas.

En el siglo XVI, desde las aulas de la Universidad de Salamanca, pensadores como Francisco de Vitoria y Domingo de Soto formularon una verdad tan sencilla como revolucionaria: la Tierra es una societas naturalis, una comunidad humana universal. De esa premisa nació el ius peregrinandi et degendi: el derecho natural de todo ser humano a transitar, viajar, comerciar y establecerse pacíficamente en cualquier rincón del mundo, sin que ninguna autoridad estatal o monárquica pudiera impedírselo legítimamente.

Sin embargo, el triunfo posterior del Estado-nación y la ficción del contrato social subordinaron los derechos inherentes del individuo a las fronteras arbitrarias de la soberanía. El derecho dejó de emanar de la dignidad humana para convertirse en una simple concesión del poder estatal, los “derechos de los pueblos” barrieron del estrado a los “derechos de las personas” y transformaron el tránsito libre en una sospecha sistémica. Fue así como la paranoia al espionaje y al enemigo externo convirtió al pasaporte moderno —nacido como salvoconducto excepcional— en una reja burocrática permanente que subordina la libertad de movimiento a una licencia otorgada por el soberano.

Hoy, ese principio fundacional del derecho de gentes y de la civilización hispana parece haber sido enterrado bajo toneladas de burocracia, hiperregulación y discursos de exclusión.


La gran paradoja de nuestro tiempo

Vivimos en un mundo que celebra y protege la circulación inmediata de capitales, mercancías y datos, pero que reprime y criminaliza el movimiento de las personas.

Hemos normalizado que la geografía de nacimiento determine de forma coercitiva los derechos fundamentales de un individuo. Asistimos a la contradicción moral de ver cómo se utiliza el nombre de nuestra cultura para justificar la vejación de quienes buscan una vida mejor, encarcelando la libertad humana en nombre de la seguridad del Estado.


Por qué existe este sitio

iusperegrinandi.es no nace como una trinchera partidista ni como un espacio de agitación política. Nace de la convicción de un ciudadano que se niega a permanecer en silencio ante el retroceso de las libertades individuales.

Este espacio tiene un propósito claro:

  1. Reclamar nuestro legado intelectual: Recordar que la defensa del libre tránsito no es una utopía moderna, sino la herencia más noble de la ley natural y de la Escuela de Salamanca.
  2. Ejercer el análisis crítico: Desmontar, mediante la lógica y el rigor, las falacias del control fronterizo coercitivo y la retórica de la deshumanización.
  3. Dar testimonio: Recordar que tras cada regulación, cada detención burocrática y cada frontera hipermilitarizada, hay vidas, familias y seres humanos cuya libertad inherente está siendo vulnerada.
  4. Desarmar las palabras y calmar el miedo El miedo y el desconocimiento conducen al odio. La razón pausada hace comprender que el temor es en vano y que hay formas nobles, justas y seguras de aliviar el dolor humano.

«Es gran crueldad e injusticia condenar o expulsar al forastero por el mero temor de lo que podría hacer, pues las leyes no castigan los recelos, sino los delitos probados.»

Domingo de Soto, Deliberación en la causa de los pobres (1545)

Este sitio es una aportación humilde pero firme a la causa de la libertad de tránsito. Una invitación a pensar sin el filtro del miedo estatal y a recordar que la libertad de movernos es, en esencia, la libertad de existir.

Adolfo Andrés García Galache